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8. Orígenes y organización de la Orden de San Jorge de Alfama

Sólo disponemos de una veintena de noticias acerca de la Orden en el siglo XIII, la mayoría de las cuales consisten en privilegios o donaciones reales, siendo pocas las de índole particular.

En cambio, para el siglo XIV disponemos de buen número de documentos, aunque su contenido ofrece pocos detalles acerca de la estructura de la Milicia y la vida cotidiana de los freires.

Desde la desembocadura del Ebro hasta la población tarraconense de Cambrils, se extiende una amplia franja costera, cuyo carácter árido y desértico, aún hoy subsiste en parte. El desierto llamado de Alfama, comprendía la faja costera de 20 km de largo por unos 10 de ancho que se extendía desde la Ampolla hasta el Coll de Balaguer. La presencia sarracena en la zona tuvo su fin tras la reconquista de las comarcas de Lérida y Tortosa por el conde Ramon Berenguer IV, al filo de 1150. A la tarea repobladora se dedicó el conde reconquistador y sus sucesores, Alfonso el Casto y Pedro el Católico, y varias cartas de población concedidas en aquella mitad de siglo dan prueba de ello. El término de Tortosa se desintegró en señoríos, dado lo extenso de sus límites, que fueron concedidos a caballeros de las Órdenes del Temple y del Hospital.

Pero el territorio desértico de Alfama se encontraba sin dueño, propiciando el continuo ataque de las naves moras, con sus frecuentes incursiones. Alfama era además lugar de paso entre Tarragona y Tortosa, y no había refugio para el caminante que se sintiera enfermo o ante una inclemencia del tiempo.

Por todo esto, Pedro II, secundado por su madre doña Sancha, así como por Ramon de Montcada y otros nobles, fundó en aquel territorio una Orden que diera solución a la defensa y repoblación de la zona. Y pensó en ponerla bajo la advocación de San Jorge, dada la devoción que sentía por él y que había heredado de sus antepasados.

Así, el 2 de septiembre de 1201, en el acto de fundación de la nueva Orden, concedió al noble Joan d'Almenara y al subdiácono Martí Vidal el desierto de Alfama. De sus fines: la oración, la misericordia encaminada a dar cobijo a los caminantes, y el rechazo de los sarracenos o de quienes atacasen la zona, se desprende el doble carácter hospitalario-militar de la Orden. Al hospital, albergue, lo declara el monarca como casa de religión, con privilegios de franquicia.

En 1383 Pedro el Ceremonioso pidió al papa la confirmación de la Orden. Y es entonces cuando el pontífice les asignará de forma oficial la Regla de San Agustín a la manera como la practicaba la Orden del Hospital, aunque adaptada a las propias exigencias. Probablemente era la que ya seguían. Se resume ésta en la comunión de bienes, oración en horas establecidas, obedecer al superior y vestir limpia y modestamente.

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