jorgedealfama |
Órdenes Militares desde una menor.
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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2006.
Según Regina Sáinz de la Maza (1990), los documentos de Alfama tras la unión con Montesa en el año 1400, apenas ofrecen una veintena de noticias. El terremoto que en 1748 dañó el castillo de Montesa y que motivó el traslado al palacio del Temple de Valencia de su Archivo, así como las vicisitudes que éste padeció a lo largo del siglo XIX, debieron provocar la pérdida de muchos documentos. Los fondos que pudieron conservarse fueron trasladados al Archivo Histórico Nacional en 1896. También en el Archivo municipal de Tortosa y en el de la catedral de Valencia, hay pocas pero valiosas noticias. Se hallan numerosas referencias sobre Alfama en el Archivo de la Corona de Aragón, dispersas en la sección de Cancillería Real y Real Patrimonio. La escasa bibliografía tiene como punto de partida la obra de Hipólito de Samper -historiador del s. XVII-, Montesa Ilustrada, donde traza un bosquejo de la Orden de San Jorge, aunque requiere alguna puntualización. José Villarroya, s. XVIII, confeccionó otra historia sobre el Real Maestrazgo de Montesa, en que también recoge alguna noticia de la Milicia catalana. En el s. XX, Fort i Cogul resumió en un breve trabajo lo dicho por los anteriores historiadores. Merece destacarse la aportación de Luisa d'Arienzo al ocuparse de los bienes Sanjorgistas en Cerdeña, y el trabajo de Eugenio Díaz Manteca acerca del Libro de Privilegios de la Orden de San Jorge de Alfama hallado en el Archivo del Reino de Valencia. Importante también es la aportación de Higini Anglès, que en un artículo acerca de la devoción a San Jorge en Cataluña, da a conocer algunos documentos de la Orden de Alfama. La siguiente bibliografía ha sido recopilada con la ayuda de un buen amigo: ANGLÈS. Higini, L’Ordre de Sant Jordi durant els segles XIII-XIV i la devoció dels reis d’Aragó al sant cavaller. Miscel.lània Fontserè. Barcelona: Gustavo Gili, 1961, pp. 41-64. CONEJO DA PENA, Antoni. Assistència hospitalària i defensa del territori al Baix Ebre : la fortalesa-hospital de Sant Jordi d'Alfama i l'hospital del Perelló. Tortosa: Arxiu Comarcal de les Terres de l'Ebre: Consell Comarcal Baix Ebre, 2004. (Recerca; 8). DÍAZ MANTECA, Eugeni. El Llibre de Privilegis de l’Orde de Sant Jordi d’Alfama, de l’Arxiu del Regne de València. Estudis Castellonencs, 3 (1986), pp. 95-154. FIGUERES I FRASNEDO, Xavier. Notes històriques de l'Ametlla de Mar. L'Ametlla de Mar: l'Ajuntament, DL 1991. ISBN 84-606-0153-6.FORT i COGUL. Eufemià. Sant Jordi d’Alfama. L’Orde militar català. Barcelona: Rafael Dalmau, D.L. 1971. (Episodis de la Història;152). FUENTE COBOS, Concepción de la. “La documentación sobre la encomienda hospitalaria de Calatayud en el Archivo Histórico Nación”. Encuentro de Estudios Bilbilitanos (6º. 2000). Calatayud, 2005, pp. 275-281. JAVIERRE MUR, Aurea L. Privilegios reales de la Orden de Montesa en la Edad Media. Madrid, 1945. LÓPEZ PÉREZ, María Dolores. La Corona de Aragón y el Magreb en el siglo XIV : 1331-1410. Barcelona: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Institución Milà y Fontanals, 1995. (Anuario de estudios medievales. Anejo; 31). MAR, Carmen J. Bujaraloz. VIII centenario de su fundación y época de su pertenencia a la Orden de San Jorge de Alfama 1205-1230. Caspe: Centro de Estudios Comarcales del Bajo Aragón; Zaragoza: Institución «Fernando el Católico», 2006. ISBN 84-7820-843-7. MAS Y GIL, Luis. La Orden Militar de San Jorge de Alfama, sus Maestres y la Confradía de Mossen Sent Jordi. Hidalguia, 6 (1958), pp. 247-256. PASTOR I LLUÍS, Frederic. “Castillo de San Jorge de Alfama”. La Zuda: Boletín del Orfeó Tortosí. Año II, Núm. 13. Tortosa, pp. 1-5. SÁINZ DE LA MAZA LASOLI, Regina. L'Ordre català de Sant Jordi d'Alfama (1201-1400). Lérida: Pagès editors, 1991. (Els ordes militars; 2). ISBN 84-7935-030-X. SÁINZ DE LA MAZA LASOLI, Regina, “Precedentes de la incorporación de la Orden de San Jorge de Alfama a la de Montesa en 1400. El Maestre Cristóbal Gómez (1387-1394)”. En: Primeres Jornades sobre els Ordes Religioses-Militars als Paísos Catalans (s. XII-XIX). Montblanc, 1985. Tarragona: Diputació de Tarragona, 1994, pp. 567-577. SÁINZ DE LA MAZA LASOLI, Regina, La Orden de San Jorge de Alfama. Aproximación a su historia,. Barcelona: CSIC, 1990. SAMPER, Fray Hipòlit de. Montesa Ilustrada, 2 vols. Valencia, 1669. VILLARROYA. Josep, Real Maestrazgo de Montesa, 2 vols. Valencia, 1787. Sólo disponemos de una veintena de noticias acerca de la Orden en el siglo XIII, la mayoría de las cuales consisten en privilegios o donaciones reales, siendo pocas las de índole particular. En cambio, para el siglo XIV disponemos de buen número de documentos, aunque su contenido ofrece pocos detalles acerca de la estructura de la Milicia y la vida cotidiana de los freires. Desde la desembocadura del Ebro hasta la población tarraconense de Cambrils, se extiende una amplia franja costera, cuyo carácter árido y desértico, aún hoy subsiste en parte. El desierto llamado de Alfama, comprendía la faja costera de 20 km de largo por unos 10 de ancho que se extendía desde la Ampolla hasta el Coll de Balaguer. La presencia sarracena en la zona tuvo su fin tras la reconquista de las comarcas de Lérida y Tortosa por el conde Ramon Berenguer IV, al filo de 1150. A la tarea repobladora se dedicó el conde reconquistador y sus sucesores, Alfonso el Casto y Pedro el Católico, y varias cartas de población concedidas en aquella mitad de siglo dan prueba de ello. El término de Tortosa se desintegró en señoríos, dado lo extenso de sus límites, que fueron concedidos a caballeros de las Órdenes del Temple y del Hospital. Pero el territorio desértico de Alfama se encontraba sin dueño, propiciando el continuo ataque de las naves moras, con sus frecuentes incursiones. Alfama era además lugar de paso entre Tarragona y Tortosa, y no había refugio para el caminante que se sintiera enfermo o ante una inclemencia del tiempo. Por todo esto, Pedro II, secundado por su madre doña Sancha, así como por Ramon de Montcada y otros nobles, fundó en aquel territorio una Orden que diera solución a la defensa y repoblación de la zona. Y pensó en ponerla bajo la advocación de San Jorge, dada la devoción que sentía por él y que había heredado de sus antepasados. Así, el 2 de septiembre de 1201, en el acto de fundación de la nueva Orden, concedió al noble Joan d'Almenara y al subdiácono Martí Vidal el desierto de Alfama. De sus fines: la oración, la misericordia encaminada a dar cobijo a los caminantes, y el rechazo de los sarracenos o de quienes atacasen la zona, se desprende el doble carácter hospitalario-militar de la Orden. Al hospital, albergue, lo declara el monarca como casa de religión, con privilegios de franquicia. En 1383 Pedro el Ceremonioso pidió al papa la confirmación de la Orden. Y es entonces cuando el pontífice les asignará de forma oficial la Regla de San Agustín a la manera como la practicaba la Orden del Hospital, aunque adaptada a las propias exigencias. Probablemente era la que ya seguían. Se resume ésta en la comunión de bienes, oración en horas establecidas, obedecer al superior y vestir limpia y modestamente. Durante los primeros años de la Milicia no había una jerarquía establecida. Así su primer superior, Joan d'Almenara, era cuestor de limosnas, tarea a la que se dedicarían también los demás del convento, sin crear diferencias. A su muerte, le sucedieron dos priores, con cierta autoridad espiritual y civil. En este período sus miembros son citados como "fratres domus hospitalis de Alfama" o "fratres domus Sancti Georgii". Tras la reconquista de Valencia y la incorporación de propiedades en este reino, empezaron a perfilarse las categorías, apareciendo ya la figura del "comendador", que residía en Alfama, presidiendo la Milicia. Aproximadamente en 1313, con un patrimonio más o menos importante, la estructura de la Orden se amplía: se designa comendador mayor al máximo dirigente, para distinguirlo de otros que pusieron al frente de propiedades incorporadas fuera del territorio de Alfama. El 20 de diciembre de 1355 los freires decidieron cambiar la denominación de comendador mayor por la de maestre, y es entonces que se puede hablar de maestrazgo de San Jorge. Siendo en total dieciséis la lista de dirigentes, y Humberto Sescorts, primer maestre, el que actuó durante un período más largo. Joan d'Almenara Guillem Auger Guillem de Cardona Guerau de Prat Arnau de Castellvell Ramon de Guàrdia Bernat Gros Domingo de Beri Pere Guasc Jaume de Tàrrega Pere Guasc Guillem Vidal Humbert Sescorts Guillem Castell Cristóbal Gómez Francesc Ripollés Clasificación según Sáinz de la Maza: 1201-1213 questor elemosinarum 1225 prior 1229 prior 1233-1238 comendator 1244-1254 comendator 1286 comendator Maiorice 1288-1303 comendator 1306 comendator 1307-1312 comendator 1313-1316 comendator maior 1317-1327 comendator maior 1327-1331 comendator maior 1337-1339 comendator maior 1341-1355 comendator maior 1355-1365 magister 1365-1385 magister 1387-1394 magister 1394-1400 magister La elección de superior la efectuaban los freires reunidos en Capítulo, excepto los tres últimos maestres designados por el rey de Aragón, dada la tendencia cada vez más acusada de los monarcas de intervenir en los nombramientos de las Órdenes con el fin de asegurarse su control. La Orden de San Jorge seguía, como las demás Órdenes tradicionales, un sistema de tipo feudal, en que los freires y cuantos estaban bajo la autoridad del dirigente, quedaban unidos a él por vínculos de vasallaje. La Orden a lo largo de su historia contó con dos prioratos: Alfama y Valencia. Éste constituido en 1365, comprendía los bienes que poseyó la Milicia en dicha ciudad y en Villarreal. Llegaron a ser encomiendas Bujaraloz, villa concedida por Pedro II en 1205 y vendida al monasterio de Sigena en 1229; las propiedades de Valencia antes de llegar a ser priorato; y la de Riquer en 1336, tras la concesión efectuada por Montserrat de Riquer de la iglesia y el castillo. Denominados como freires, la Orden estaba compuesta por clérigos y laicos. La ratificación de la Orden de 1373 menciona un "hábito blanco con cruz roja a la altura del pecho": el distintivo propio de los Sanjordistas debió ser esa cruz -recogida por Montesa tras la unión-, quizás inicialmente sobre la ropa, y que con el tiempo se especificase más una indumentaria concreta. Tras la aprobación de la santa sede, en diciembre de 1373, Pedro el Ceremonioso promovió la Milicia de Alfama a Orden de caballería, en un acto en que impuso el cíngulo militar al maestrre. Los procuradores normalmente eran elegidos para un determinado asunto, y su cargo estaba ligado a tal fin. Pero, a partir de 1343 se nombraron procuradores generales, con una amplia misión para representar a la Orden en toda gestión administrativa. Algunos fueron freires pero también hay ciudadanos -letrados o notarios-. La Orden nació prácticamente sin recursos, dada la situación política, por ello, en mayo de 1215, concedió el monarca la facultad de colectar limosnas en todos los lugares reales desde el Cinca hasta Salses. El superior efectuaba la elección de estos colectores a través de un documento que el colector podía mostrar si le era solicitado. La Orden de San Jorge de Alfama, como las demás fue gobernada, no sólo por su superior, sino en asamblea llamada Capítulo: en ella que debían concurrir los dirigentes de las diversas posesiones y miembros más destacados para la toma de decisiones importantes. Así la elección de procuradores, la venta de propiedades, etc. o el nombramiento de cargos importantes de la Milicia. Durante los treinta primeros años de la Orden, cuando ésta todavía no disponía de rentas y beneficios territoriales, los freires no contaron con más recursos que los procedentes de las limosnas y los que les proporcionaban las gentes que les dejaban legados en sus testamentos. Tres fueron las actividades a que se dedicaron los miembros de la Orden durante el primer período de su historia. Primeramente la construcción de la casa-hospital que debería albergarlos. En segundo lugar la colecta de limosnas que haría posible su supervivencia. Y finalmente, la ayuda militar que los primeros comendadores empezaron a prestar al reino en las empresas reconquistadoras del siglo XIII. Según un inventario de 1576, el convento era de planta cuadrada, de unos 20 metros de lado, y sus paredes exteriores se alzaban a una altura de 12 metros aproximadamente. Entre ellas sobresalía una torre de homenaje 4 metros más alta, como atalaya para vigilar la costa. El recinto (compásere con el plano del castillo de Montesa) constaba de un patio y un claustro, con el dormitorio de freires a un lado de éste y la iglesia al otro, con 13 metros de largo por 6’30 de ancho. Y otras dependencias como la sala capitular, cocina, refectorio, etc. En pocos años, al menos la zona de residencia, debió estar ya en funcionamiento. El actual paraje se denomina “plana de sant Jordi”. La repoblación de la zona que tanto interesaba a los monarcas desde Pedro II, parece ser que no tuvo éxito, pues no quedan indicios de ningún poblado, más bien sólo alguna vivienda del personal al servicio del castillo. La Orden rápidamente haría uso de la concesión de colectar limosnas, ya que realmente estaba necesitada de esos recursos. Un documento informa que los cuestores se presentaban en las poblaciones, enarbolando una bandera con el distintivo de San Jorge, y en la plaza o en otro lugar asignado congregaban a los fieles, a los que exponían los milagros del santo y las indulgencias concedidas por los papas a los benefactores de la Orden, procediendo acto seguido a la colecta de limosnas. A veces esta tarea no fue fácil, siendo denunciados al monarca tanto faltas de los colectores, no siempre ciertas, como quejas contra los oficiales que les exigían tributos contra el privilegio. Pedro II, a causa de su deficiente política económica, únicamente pudo efectuar una donación territorial a la Orden de San Jorge. Fue cuatro años después de fundar la Milicia, en mayo de 1205, cuando le concedió la villa de Bujaraloz en el reino de Aragón, con la condición de que los freires poblasen y mejorasen el lugar, y un presbítero rogase por él cada día. Bujaraloz, que incluía una viña en Pina, fue la primera propiedad territorial importante que recibió la Orden, al frente de la cual colocó un comendador. Pero sólo gozó de su propiedad veinticuatro años. Los gastos que la Orden tuvo que afrontar para la construcción del hospital de Alfama debieron ser muy elevados. Las tierras áridas precisaron de algún tiempo para ser productivas y obtener de ellas lo necesario para el sustento de los freires. La Orden, durante los primeros años de existencia tuvo que pedir prestado dinero y trigo, y las deudas fueron aumentando con el tiempo. En 1229, la Orden tuvo que saldarlas, y decidieron que lo más útil sería vender Bujaraloz. La compró la priora del monasterio hospitalario de Sigena, donde yacían los restos de Pedro II. Pocos años después de la fundación, la Orden recibió unas posesiones concedidas por Guillem de Cardona en Alcarrás, a 8 km de Lérida. Esta pequeña encomienda le proporcionó modestas rentas hasta que la perdió hacia el final de su existencia. |